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Hay grupos de
rock que suenan bien. Otros que suenan fuerte.
Pero son pocos los que verdaderamente rugen y te ponen
los pelos de punta. Uno de ellos es ULTRAMOTOR, con
dos discos compactos que contienen un total veinte
proyectiles de inusitada contundencia, velocidad,
potencia y ferocidad.
Ultramotor
es una de las bandas de hardcore más representativas del
Perú. Se forma en el año 2001 con César Zamalloa en la
guitarra y voz, Alfonso Montesinos en el bajo y
Constantino Alvarez en la batería, quienes desde el
inicio evidencian una intención muy clara: velocidad y
contundencia. En ese mismo año se lanza el disco debut “Ultramotor”,
con excelentes críticas y 6 años más tarde dan el
esperado segundo ataque: “El Rayo”.
A fines del 2007 la banda cambia su formación con el
ingreso de Capi Baigorria en la batería, iniciando una
segunda etapa que promete llevar su ya conocido estilo
al siguiente nivel.
Actualmente Ultramotor presenta su disco “El Rayo” en
diferentes locales de Lima y se prepara para una próxima
gira por el interior del país.
Ponga
'play' y aténgase a las consecuencias. Usted será
sometido a una vertiginosa sacudida cerebral a partir de
cada corte que integra el primer y epónimo disco de
Ultramotor, power-trío que tiene como cabeza a César
Zamalloa. El bajista de Mar de Copas deja las cuatro
cuerdas a un lado para arremeter con crudeza sobre una
guitarra siempre en distorsión. Con él, Alfonso
Montesinos (bajo) y Constantino Álvarez (batería),
rompen la barrera del sonido con severa contundencia.
Diez
canciones en poco más de veintitrés minutos. El trío
explota con violencia a partir de veloces entregas que
recorren las fibras del hardcore en toda su
electrificante magnitud. Zamalloa se estrena también
como vocalista, construyendo viajes vocales que surgen
como proclamas de fondo, sin maquillaje alguno y con
absoluta desnudez.
La
velocidad recurrente -que nos remite en sus raíces al
legado de Motorhead- en temas como "Ultramotor", "Al
final", "Tus ojos", "El tiempo",
"La bala" y "Nunca vas a
comprender", tienen ligeras pausas en pistas más
controladas que, sin perder fibra, sirven de aire para
la continua avalancha: "Luces de colores" (una suerte de
punk estilizado), "No existe" y "Lo poco de aliento que
queda" (en las que se respira una atmósfera más
distendida).
Líricamente, hay una tendencia a los mensajes de
advertencia ante una realidad apocalíptica que tiende
sus tentáculos sobre una humanidad frágil y poco
dispuesta a la lucha: "Éste es el mismo final, a dónde
se irá la suerte?/ no te sirve llorar, quién será más
fuerte?/ no te escucho hablar, la voz no va de frente"
("El mundo al revés").
Además
de la rabiosa guitarra de Zamalloa, el bajo y la batería
se comportan de manera sólida y ágil, corriendo a mil
por hora y derrumbando todo lo que se le atraviese en el
camino. Puramente visceral. "Ultramotor" es ese disco
ideal para levantar las ganas luego de un mal día.
El
Rayo: Como en
su magnífico -y ya bastante lejano- debut, la banda de
César Zamalloa aquí no se anda con chiquitas: una
trituradora bien afilada, una sucesión de trepanaciones
involuntarias, el segundo álbum de esa locomotora
hardcore llamada Ultramotor comprende diez brevísimos
estallidos de urgencia y precisión guitarrera que,
imaginamos, podrían provocar daños permanentes en los
aparatos auditivos más frágiles.
Todos
los temas de su segunda placa parecen el mismo, pero eso
no importa: “El rayo” funciona menos como una colección
de canciones que como una experiencia sensorial, una
catarsis cimentada en el ruido y la horrísona
persistencia de tres instrumentos (la guitarra de
Zamalloa, el bajo de Alfonso Montesinos, la metralleta
de Constantino Álvarez) que interactúan ensimismados en
una forma muy particular de reproducir e interpretar la
densidad del caos. Un disco para sentirse sucio,
viscoso, peligroso y vivo. De-men-cial. |